Metaperiodismo

Los títeres de Ops

Se nos callaba, se nos callaba... pero no nos podían callar

24.02.2016 @SixtoTLR 5 minutos

Cuando un artista decide sustituir su nombre y apellido por un pseudónimo hace un alegato a la privacidad desde el que muestra una determinada intencionalidad inherente a su trabajo, más allá de cualesquiera fueren los motivos y lejos de cualquier pronóstico clarividente. También se desviste de su uniforme o sus galones: el emisor es uno más entre tantos receptores, iguala su status al público que pertenece y descontextualiza su persona individual para adentrarse en el yo colectivo. Porque, quizá, el campo de batalla pudiera ser tan incierto que, a esperas de ser derribado en cualquier momento, antes debiera llegar el mensaje por necesidad imperiosa.

Sólo conociendo la perspectiva circunstancial que atañe a la historia contemporánea española, podemos obtener respuesta a la mayoría de los interrogantes que se nos puedan plantear; entonces, únicamente queda (y quedó) encajar los argumentos con integridad legítima para contraatacar, pues no tendría demasiada lógica la apostasía hacia la conciencia propia de artista en pleno siglo XX. Sin embargo, el rumor social quedó latente siquiera sin desvelar más que el ojo penetrante tras la mirilla, sin dejarse ver: liberar la obra y dejarla gritar por sí sola.

"Se nos callaba, se nos callaba... pero no nos podían callar", decía El Roto en noviembre de 2015 durante el ciclo 'Palabras Mayores' de La Térmica en Málaga; pues del mismo modo que unos partieron extramuros de España en tiempos de dictadura, como María Zambrano o Pedro Salinas, otros, como él y Vicente Aleixandre, fueron víctimas del exilio interior, sometidos al silencio y la censura.

1968: de Andrés a OPS

El sesenta y ocho fue sin duda un año ajetreado para el canon político occidental: el asesinato de Martin Luther King, el estallido de protestas contra la Guerra de Vietnam, las revueltas de Mayo del 68, la Primavera de Praga, etcétera. No obstante, en comparación, dentro de nuestras fronteras la repercusión fue mínima o nula – a pesar de haber quiénes decidieron iniciar la revolución con un carácter otro, a su manera, enfrentándose a la desaprobación editorial y a lo que ello podía conllevar.

Andrés Rábago García 'el Roto' (Madrid, 1947) fue uno de ellos. Él escogió la trinchera de la tinta y la viñeta en el mismo año, cuando empezó a publicar bajo el pseudónimo de OPS en La Codorniz o Hermano Lobo entre otras tantas revistas y periódicos. Sin embargo, durante estos pasos a tientas, no caminaba sólo de la mano de un nombre artístico en el que ampararse del suyo real, no; OPS jugaba al despiste mediante sus funambulismos con las ventajas del ir por delante y el poder esquivar las embestidas culturales del franquismo.

Las ilustraciones de aquel Andrés Rábago de 19 años se redimían en la omisión del texto en sus viñetas a expensas de ataviar sus dibujos con los artificios propios del que bien sabe cómo emplear sus ases. Sirviéndose del movimiento Pánico y del surrealismo, el madrileño había enarbolado su propio lenguaje críptico a través del cual apelaría en su trasfondo a la crítica racional sin mando ni ley mediante y suscitó el prohibido reflejo del entorno en blanco y negro que evocaban los paisajes totalitarios de Orwell o las vidas teñidas de gris de Ende – y eran precisamente tales colores de los que se servía para dar forma a la gran mayoría de sus imágenes.

Los tétricos monstruos de OPS tienen origen en Matisse, Gutiérrez Solana, Grosz y Ernst, aunque la influencia se repartió progresivamente a lo largo de su carrera, pero siempre con la tónica del cómic como influencia dominante. Las pesadillescas escenas surreales mostraban a personas en llamas en una chimenea, a un niño con la boca cosida al que le salían otras tantas sucesivamente según pasaba el hilo y la aguja, inodoros públicos sobre el pedestal de un líder ecuestre que se alza en piedra, seres diabólicos sodomizando a un maestro...

La ruptura y los medios

La llegada de la democracia trajo el fin de OPS y su relevo en El Roto por voluntad del mismo Andrés. El nuevo proyecto, a diferencia del anterior, gozó de la libertad suficiente como para prescindir desde el primer trazo de la mística de OPS e introducir texto en su contenido, esta vez, satírico y enfocado hacia la hipocresía de la conciencia colectiva e individual.

Las viñetas se recogen cada semana en El País desde hace años, pues le confía al papel la integridad que le resta a Internet, como medio y contexto, al que tilda de no estar "creado con fines generosos, sino con fines de control." Sugiere evidencias por las que sospechar abiertamente de la primera época de la era tecnológica, así como de la libertad de los medios: Andrés sacó durante quince años la televisión de su salón tras el espectáculo audiovisual que supuso la retransmisión del primer bombardeo en Bagdad en la Guerra del Golfo.

La debilidad ante el poderoso y la normalización de la misma son la sugestión de quien cae en sus garras, o al menos es lo que Andrés 'el Roto' sugiere desde hace décadas: el que ostenta el mazo, sujeta el poder – pero todavía quien esté creyendo que puede anular a una persona en una cárcel, se equivoca, ¿acaso no dejaron de brillar en su reclusión mística San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús? Sí, pero hemos de ser consecuentes con lo que hacemos. OPS, Aleixandre, Laforet o Berlanga hicieron lo propio para quedarse con más o menos fortuna cuando decidieron plantarle cara al franquismo con la misma valentía que Machado, Falla, Alberti o Amado Alonso al marcharse.

A pesar de todo, la censura no es sólo obra de dictaduras, sino también de democracias con dudosos ejercicios de poder. En un país de siglos de intolerancia y casi cuarenta recientes y largos años de régimen totalitario, el gobierno del pueblo no se ha asimilado en fondo ni en forma, y así, el verdadero empleo de la libertad de expresión, tan fácilmente identificable con el buen o el mal gusto en el resto de Europa y tan gravemente nombrado como "enaltecimiento" en mi país, España: un país que no diferencia la realidad de la ficción y el atentado del telón.

Enlace de interés: http://www.elroto-rabago.com/ops.html

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